30 de septiembre de 2011

Del egoísmo, sus riesgos y virtudes.


Tráfico
En el fondo todos queremos que las cosas se den de una sola manera y vayan en una sola dirección: la nuestra; somos egoístas. En el devenir de nuestra existencia encontramos a gente con quienes tenemos egoísmos comunes; eso es lo que nos acerca. Tal situación puede durar minutos, semanas o toda una vida; es cuando nos alejamos con menores o mayores pérdidas. Las asociaciones, grupos, religiones, equipos, organizaciones, especies, parejas, centros de trabajo, familias, paises, amigos y demás, alcanzan el éxito (supervivencia) cuando gozan de egoísmos colectivos fuertes y arraigados (identidad) y logran capitalizarlos, imponerlos en armonía y con sustentabilidad; lo mismo a la inversa.

El egoísmo es el motor de la evolución (mejor comer que ser comido, mejor mis genes que los del resto...). Sin embargo hay una paradoja: El egoísmo no debe ser egoísta, porque de serlo se torna suicida. El egoísmo debe ser capaz de escuchar, observar, adaptarse. Debe tener la sapiencia de sacrificarse, subordinarse cuando un egoísmo más amplio y trascendente así lo exige. El egoísmo en bruto sin conocimiento ni noción de sí mismo acaba con especies y es capaz de fulminar un Mundo.

¿Qué mejor prueba que el Tercer Planeta?

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